Como alguien me ha comentado, puede que 2010 vea el éxito del libro electrónico. Muchas personas se preguntan por qué comprar un libro electrónico si ya pueden leer en un portátil o incluso en una PDA. Hay muchas razones, desde la ergonomía (la pantalla de un libro electrónico proporciona una calidad similar al papel y no cansa la vista) hasta el ahorro energético (un libro electrónico es mucho más eficiente y tiene un consumo inmensamente menor que otros dispositivos electrónicos). Algunos modelos también permiten realizar anotaciones, otros tienen acceso a Internet para leer prensa...
Creo que hay dos factores principales que pueden marcar la diferencia entre el éxito y el fracaso en el caso del libro electrónico. El primero es el precio de los aparatos. Si queremos crear una base de mercado suficientemente amplia es necesario popularizar el libro electrónico. El lector habitual de libros por placer necesita probar la experiencia antes de pasarse el libro electrónico y si el aparato tiene un precio prohibitivo, no lo hará. Aquí son importantes iniciativas como la de Luarna, que comercializa lectores electrónicos por menos de 300 €.
La otra parte de la ecuación está en los contenidos. ¿Se dará cuenta la industria editorial en español de lo que se juega? ¿Esperará y esperará mientras el usuario toma la iniciativa y les adelanta por la izquierda y por la derecha? ¿Aprenderán de la industria musical o se limitarán a quejarse del daño que les hace el pirateo?
Su sector es similar al de la música, pero presenta algunas diferencias. De entrada, compartir música en Internet partiendo del soporte original es muy fácil (prácticamente cualquier usuario puede aprender en cinco minutos a convertir las canciones de un CD recién salido al mercado a formato MP3). Convertir un libro a formato PDF (el más extendido) requiere de un trabajo más largo, y si la obra tiene cientos de páginas, nos exige ya una dedicación de bastantes horas.
Y, sin embargo, rebuscando un poco se pueden encontrar ediciones digitales gratuitas de casi cualquier cosa, incluso de títulos de gran demanda recientemente lanzados al mercado, como la última novela de Dan Brown o la trilogía Millenium. Estas ediciones a menudo están realizadas por particulares sin ningún ánimo de lucro y con la intención de facilitar la lectura de las obras con las que ellos han disfrutado. Quizás no cuenten con la calidad de edición de una obra producida con los medios de una gran editorial, pero para muchos lectores es suficiente.
Para las editoriales, el formato digital presenta grandes ventajas: ahorro de costes materiales de impresión, ahorro de costes de distribución, ahorro de costes de almacenaje... Pero para comprobar si el mercado acepta el libro digital también hay que jugar limpio: lanzar, por ejemplo, al mismo tiempo la versión en papel y la edición digital de una obra para ver cuál tiene mayor aceptación.
¿Serán las editoriales capaces de ver estas bondades y trasladaran estas diferencias al precio de las obras digitales? Lo veremos a lo largo de 2010.
